Publicado el 05 de Junio de 2026 en Posgrado

Educar para la complejidad: el legado de Edgar Morin frente a los desafíos del siglo XXI

Desde la Maestría en Investigación Educativa destacan el aporte del recientemente fallecido intelectual francés, uno de los pensadores más influyentes de la educación y las ciencias sociales contemporáneas.

En esta entrevista, la doctora en Educación Alejandra Delgado —a cargo del seminario sobre paradigmas y metodologías de la Maestría en Investigación Educativa de la Escuela de Posgrado de la UCC— plantea que el legado del filósofo francés Edgar Morin (1921-2026), padre del pensamiento complejo, constituye una oportunidad clave para reflexionar sobre la vigencia de sus aportes frente a desafíos actuales como la inteligencia artificial, la inclusión y la creciente complejidad de los fenómenos sociales.

El núcleo del pensamiento complejo

Desde su perspectiva como directora del seminario enfocado en paradigmas y metodologías, ¿cuál considera que es el núcleo del legado de Edgar Morin que hoy se vuelve un imperativo categórico para la investigación educativa del siglo XXI?

-Desde mi perspectiva, el legado más profundo de Edgar Morin consiste en haber mostrado que el conocimiento sólo cobra pleno sentido cuando logra comprender las relaciones, los contextos y las múltiples dimensiones que configuran la realidad. Esta idea ha marcado mi modo de concebir la investigación educativa, porque los problemas actuales -como la inclusión, las trayectorias escolares, la inteligencia artificial, la convivencia y las desigualdades sociales- no pueden abordarse desde miradas fragmentadas ni desde explicaciones lineales.

En este marco, el gran imperativo para la investigación educativa del siglo XXI es aprender a pensar la complejidad sin reducirla. Morin nos invita a formar investigadores capaces de contextualizar, relacionar saberes, revisar sus propias certezas y dialogar con la incertidumbre. Investigar, por lo tanto, no es solo aplicar métodos o producir datos: es construir una mirada crítica y reflexiva sobre la realidad educativa. Su pensamiento nos recuerda que la tarea del investigador no es simplificar la realidad para que encaje en nuestras categorías, sino ampliar nuestras categorías para comprender mejor la realidad.

Tradicionalmente, la ciencia buscaba fragmentar la realidad para poder estudiarla. ¿Cómo atraviesa el pensamiento complejo la propuesta curricular de su seminario?

-En el seminario, el pensamiento complejo no se aborda como un contenido aislado, sino como una perspectiva que atraviesa toda la concepción de la investigación educativa. Investigar supone tender puentes entre sujetos, instituciones, políticas, culturas, saberes y contextos, reconociendo que los fenómenos educativos son relacionales, históricos y multidimensionales.

Ese pasaje de la teoría a la metodología se vuelve visible en el trabajo cotidiano con los/as maestrandos. Muchas veces llegan con preguntas centradas en factores aislados o en relaciones lineales de causa y efecto. Mi tarea consiste en acompañarlos para complejizar esos interrogantes, incorporando nuevas dimensiones de análisis, otros actores y contextos más amplios de interpretación:

  • Cómo se construye el problema de investigación.
  • Qué voces y perspectivas se incluyen.
  • Qué relaciones se vuelven visibles.
  • Qué aspectos se decide no simplificar.

Cuando una pregunta deja de buscar una explicación única y comienza a reconocer una trama de relaciones, el pensamiento de Morin deja de ser solo una referencia teórica para convertirse en una verdadera forma de investigar.

La metodología frente a los fenómenos actuales

Los fenómenos educativos actuales son multicausales y cambiantes. ¿Cómo aborda la carrera estos objetos de estudio tan complejos sin caer en reduccionismos?

-Uno de los principales aportes de la Maestría en Investigación Educativa es asumir que los fenómenos educativos contemporáneos son complejos, diversos, desafiantes y cambiantes. Por esa razón, no pueden comprenderse mediante explicaciones únicas ni a partir de metodologías aplicadas de manera mecánica. Más que ofrecer respuestas prefabricadas, la carrera busca que los estudiantes desarrollen la capacidad de formular preguntas cada vez más profundas, contextualizadas y pertinentes.

En ese proceso, ofrecemos herramientas teóricas, epistemológicas y metodológicas para analizar la realidad educativa desde una perspectiva crítica, relacional y humanizante. El propósito es que los/as maestrandos comprendan por qué eligen determinados enfoques, qué supuestos sostienen sus decisiones y qué aspectos de la realidad hacen visibles o invisibilizan. Cuando un/a maestrando pasa de buscar causas aisladas a comprender redes de relaciones, tensiones y contextos, se supera todo reduccionismo metodológico y se fortalece una producción de conocimiento más rigurosa, pertinente y comprometida con los desafíos educativos actuales.

Morin insistía en que el conocimiento no es un espejo de la realidad, sino una traducción y reconstrucción. En pleno auge de la Inteligencia Artificial y la automatización de la escritura académica, ¿qué nuevos desafíos éticos y epistémicos surgen en la producción de conocimiento genuino?

-La inteligencia artificial nos enfrenta a un desafío tan interesante como complejo: no confundir capacidad de escritura con capacidad de comprensión. Aunque hoy existen herramientas capaces de producir textos cada vez más sofisticados, investigar sigue implicando algo más profundo: formular preguntas relevantes, interpretar contextos, problematizar la realidad y asumir una posición ética frente al conocimiento que se construye. La calidad de una investigación no depende solo de su redacción, sino, sobre todo, de la profundidad de su mirada.

Desde la perspectiva compleja, el problema central no es tecnológico, sino epistemológico y ético. La IA puede colaborar, sintetizar información y agilizar ciertos procesos, pero no reemplaza la reflexión crítica, la experiencia ni la responsabilidad del investigador. En educación, donde se trabaja con sujetos, historias y contextos concretos, el riesgo no es que las máquinas piensen por nosotros, sino dejar de interrogarnos críticamente sobre aquello que investigamos.

El perfil del investigador y la intervención en el territorio

Si tuviéramos que trazar un perfil, ¿qué competencias clave requiere hoy un/a investigador/a educativo/a para leer los escenarios actuales?

-Asumiendo el legado de Edgar Morin, entendemos que formar investigadores para el siglo XXI implica mucho más que transmitir conocimientos teóricos o metodológicos. Supone desarrollar la capacidad de comprender la complejidad de los fenómenos educativos, contextualizar problemas, relacionar saberes provenientes de distintos campos disciplinares, formular preguntas relevantes y sostener procesos de análisis rigurosos y reflexivos.

Al mismo tiempo, requiere aprender a construir diseños de investigación coherentes, producir e interpretar información de manera crítica, argumentar con fundamento y comunicar conocimientos de forma pertinente. Todo ello demanda apertura intelectual, curiosidad permanente, sensibilidad hacia los sujetos y contextos, humildad para reconocer los límites del propio conocimiento y compromiso ético con aquello que se investiga.

En un escenario atravesado por la expansión de las tecnologías digitales y la IA, también resulta indispensable desarrollar criterios para evaluar críticamente la información disponible, utilizar estas herramientas de manera responsable y ponerlas al servicio de la construcción de conocimiento, sin renunciar nunca a la reflexión, al juicio crítico ni a la responsabilidad humana sobre las decisiones que se toman.

La incertidumbre y el cambio permanente ya no son la excepción, son la regla. ¿Cómo forma esta maestría a los/as profesionales para que no sean meros observadores pasivos, sino agentes capaces de comprender e intervenir críticamente en contextos tan mutables?

-Así es, la incertidumbre y el cambio permanente ya no son excepciones, sino rasgos constitutivos de nuestro tiempo. En ese contexto, la responsabilidad de una Maestría en Investigación Educativa no es formar profesionales que solo describan la realidad, sino investigadores capaces de comprenderla críticamente e intervenir sobre ella de manera ética, reflexiva y comprometida. Por eso, la propuesta formativa apunta a que los maestrandos aprendan a formular preguntas relevantes, analizar problemas desde múltiples perspectivas, dialogar con diversos saberes y producir conocimientos que contribuyan a transformar las prácticas y las instituciones educativas.

En este sentido, recupero una reflexión de Edgar Morin que ha acompañado gran parte de mi recorrido académico: “Hay que aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas”. Allí se sintetiza uno de los mayores desafíos de la formación actual. No podemos ofrecer respuestas definitivas para un mundo en transformación constante, pero sí formar profesionales capaces de pensar con rigor en medio de la incertidumbre, actuar con responsabilidad frente a la complejidad y sostener preguntas fecundas allí donde otros buscan soluciones rápidas.

Si tuviera que condensar el legado de Morin en una idea, diría que nos enseñó que la complejidad no es un problema que deba resolverse, sino una realidad que debemos aprender a comprender y habitar.

La Maestría en Investigación Educativa inicia una nueva cohorte en agosto de 2026 y las inscripciones ya están abiertas. Las clases se dictan en las aulas híbridas del Edificio Centro Juan Carlos Scannone S.J. Podés seguirlas presencialmente en el aula o virtualmente desde tu casa.

Para conocer más sobre esta carrera coordiná una entrevista acá.