Publicado el 03 de Julio de 2026 en Posgrado

Inclusión: el desafío urgente de acompañar trayectorias diversas

Entrevista. Mariana Chaile, docente de la Especialización en Inclusión Educativa de Personas con Discapacidad, analiza las barreras del sistema actual y el rol clave de la carrera para construir entornos accesibles.

La inclusión educativa es, quizás, uno de los conceptos más nombrados en los debates pedagógicos contemporáneos, pero también uno de los más tensionados en la práctica diaria. Lejos de ser una meta fija o un casillero normativo por completar, la inclusión se presenta hoy como un territorio en constante construcción. En este escenario, el acompañamiento profesional a trayectorias educativas diversas emerge no solo como un eje de estudio fundamental, sino como una urgencia política y social que interpela a todos los actores del sistema formal.

Para comprender el estado de situación en las aulas argentinas, dialogamos con la licenciada Mariana Chaile, especialista en inclusión educativa, docente de la Especialización en Inclusión Educativa de Personas con Discapacidad de la Escuela de Posgrado de la UCC. A través de su mirada, es posible desentramar los nudos críticos de un sistema que debate su identidad entre los discursos integradores y las prácticas homogeneizadoras.

Cambiar el foco: del estudiante al entorno

Uno de los aportes teóricos y metodológicos conceptuales más significativos de los últimos años es el cambio de paradigma respecto a cómo se entiende la discapacidad en la escuela. "La inclusión de personas con discapacidad en el ámbito educativo no se limita solo a la integración física", señala Chaile, recuperando los planteos del especialista Gerardo Echeita. "Implica transformar la cultura, las políticas y las prácticas educativas para que la escuela pueda alojar a todos los estudiantes y ser respetuosa de la diversidad de cada uno de ellos", remarca.

Se trata de un giro conceptual. Ya no es el niño, la niña o adolescente quien debe adecuarse a una estructura rígida; es el entorno escolar el que debe modificarse, minimizando o eliminando las barreras actitudinales, pedagógicas, comunicacionales y de accesibilidad que impiden el aprendizaje y la participación plena. Sin embargo, la especialista advierte que este camino implica mucho más que el avance en marcos legales o la modificación superficial de los discursos institucionales, especialmente si en el quehacer diario se siguen sosteniendo lógicas que segregan.

La brecha entre lo declarado y lo actuado

Al trazar un diagnóstico sobre las aulas argentinas, Chaile identifica una tensión medular que Echeita denomina "la brecha entre lo declarado y lo actuado". Argentina cuenta con un andamiaje legal robusto que garantiza el derecho a la educación inclusiva; no obstante, las condiciones materiales, los recursos y la infraestructura para sostener esos procesos suelen ser escasos.

Esta distancia entre el plano ideal de la ley y la realidad concreta de las instituciones genera profundas contradicciones. "Esta situación provoca cierta angustia en el educador, porque muchos de ellos realmente quieren acompañar, pero la formación que reciben en sus trayectos iniciales es escasa", explica la docente. Como consecuencia, la inclusión suele quedar reducida al compromiso ético e individual de un maestro o a la intervención aislada de los docentes de apoyo a la inclusión (DAI), perdiéndose la dimensión colectiva e institucional del proceso.

A este panorama se suman las barreras que atraviesan las propias familias de las personas con discapacidad. El primer gran obstáculo es, paradójicamente, el acceso. Muchas familias se ven obligadas a peregrinar por múltiples instituciones escolares antes de conseguir una vacante, enfrentando un sistema que suele interponer trabas burocráticas o sutiles mecanismos de exclusión. Asimismo, la falta de información clara sobre los marcos de derechos vigentes y los apoyos disponibles profundiza la vulnerabilidad. Ante esto, la propuesta de la Especialización invita a una construcción de corresponsabilidad, donde la familia asuma un rol protagónico y activo, y no de meros espectadores del trayecto escolar de sus hijos.

Decisiones político-pedagógicas y el valor de la formación

Para consolidar un sistema educativo genuinamente inclusivo, las respuestas no pueden ser espasmódicas. Se requieren decisiones político-pedagógicas estructurales basadas en un enfoque transversal de derechos humanos. Citando a la pedagoga María Rosa Blanco, Chaile enfatiza que nadie puede quedar excluido del sistema por motivos de discapacidad, origen social o cultural: "Las escuelas no pueden cerrar las puertas a ningún estudiante".

En este sentido, la formación continua de los profesionales de la educación se vuelve un pilar estratégico. Es allí donde cobra relevancia el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) como un modelo que permite pensar la enseñanza desde su génesis para la multiplicidad de mentes y cuerpos, y no como una propuesta única a la que luego se le adosan "adaptaciones" sobre la marcha. Pensar la inclusión es un deber urgente que exige la articulación de tres aristas indivisibles: transformación de las instituciones, corresponsabilidad de las familias y especialización profesional.

El salto cualitativo de la Especialización

Frente a la complejidad que exhiben las aulas multiculturales y diversas de hoy en día, la Especialización en Inclusión Educativa de Personas con Discapacidad se posiciona como una propuesta de posgrado indispensable para dar el salto cualitativo que el sistema reclama. Como egresada y actual docente de la carrera, Mariana Chaile destaca que este trayecto brinda las herramientas metodológicas y el sustento teórico necesarios para diseñar propuestas de intervención situadas que generen entornos verdaderamente accesibles. "La formación permite construir un criterio profesional sólido para pensar los apoyos de acuerdo a la trayectoria de cada estudiante, siendo sumamente respetuosos de la singularidad de cada caso", concluye.

El verdadero valor de este espacio de posgrado radica en su capacidad para deconstruir las representaciones sociales de bajas expectativas que históricamente han pesado sobre los estudiantes con discapacidad. Al apostar fuertemente por el trabajo en red entre profesionales, docentes y comunidades familiares, la Especialización ofrece una plataforma real para que todas las voces formen parte de la democratización del aula. En definitiva, se trata de una invitación a transformar el compromiso individual en políticas escolares consolidadas, “garantizando no solo el acceso, sino también la permanencia y el egreso con calidad de cada estudiante”, concluye.

La Especialización en Inclusión Educativa de Personas con Discapacidad inicia una nueva cohorte en agosto y las inscripciones ya se encuentran abiertas.

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